Este artículo fue publicado como avance de investigación en la linea de Partidos Políticos y Sistemas Electorales en la revista virtual del alumnado de la Universidad Nacional del Litoral Argentina. Fuente: http://www.revistapolitikon.com.ar/polarizacion-politica-minima-en-mexico-partidos-antiestablishment/

 

La política del mundo ha pasado por una serie de cambios en su contenido; el auge de partidos populistas, antiestablishment y su reactivación, así como la oleada de decisiones inesperadas por los referéndums democráticos de algunas naciones, han esparcido una serie de incertidumbres globales acerca del futuro del orden mundial en el siglo XXI.

Tales decisiones, de algún modo rupturistas, y reactivaciones ideológicas son producto de casos típicos que atañen tanto a la interdependencia económica entre naciones o  la política económica interna de algunos países así como a movimientos antiautoritarios y a la proliferación de guerras en Medio-Oriente que originan posiciones decisorias de los gobiernos que  polarizan la opinión política en la sociedad.

Latinoamérica no se queda atrás en este cambio, existen actores como Rafael Correa, Nicolás Maduro y Evo Morales, estos gobiernos anti-democráticos han persistido gracias a las políticas y el discurso antiestablishment sobre el orden mundial. Sin embargo la oposición, a pesar de ser en algunos casos mayoría en el parlamento, como en Venezuela, sólo la alcanzan los partidos en coalición debido a su pequeñez. La polaridad en los gobiernos autoritarios como éstos se refleja más en el terreno social que en el político, mediante movilizaciones colectivas de los ciudadanos partidarios de las derechas o de las izquierdas respectivas,dependiendo de las circunstancias hegemónicas de cada país.

En Argentina la renovación del mandato ha vitalizado la nostalgia peronista, es decir la reactivación del sentimiento de la izquierda que tras doce años de gobierno fue desplazado por el candidato de centro derecha en una contienda de personalidades populistas. Por otra parte en Brasil la polaridad política se reactivó en un juego constitucional por parte de la ultra-derecha para destituir a la expresidenta del partido de izquierda (PT) Dilma Rousseff.

Como podemos darnos cuenta, los párrafos anteriores muestran una muy breve descripción de la tendencia en la polarización política que se vive en Latinoamérica, sin embargo en México no se sigue esta tendencia pese a los constantes cambios políticos en el mundo. Por el contrario, la distancia de los espectros de derecha a izquierda sigue siendo mínima debido al pragmatismo político que caracteriza a los partidos mexicanos, es por esto que la identificación de la distancia ideológica es evidenciada solamente en pocos partidos y particularmente en momentos cúspide de la actividad política mexicana, como el debate de temas controversiales o la competencia en las elecciones presidenciales.

El Caso de México

En México existe un partido fuerte, el Partido Revolucionario Institucional (PRI), tipificado como un partido hegemónico que tiene su espectro político en el centro, a veces de izquierda y a veces de derecha; su vulnerabilidad en las elecciones es nula pues sólo ha habido una alternancia política de dos sexenios seguidos en 70 años. No obstante, el proceso de democratización del país ha cedido espacios a nuevos actores políticos y partidos tanto de izquierda radical como de la derecha radical denominadosantiestablishment, como el Movimiento Regeneración Nacional(MORENA) y el Partido Encuentro Social (PES), así como al avance en gobiernos locales y federales de las oposiciones ya existentes como el Partido Acción Nacional (PAN) y el Partido de la Revolución Democrática (PRD). Aún existen 4 partidos más pero los que diferencian la polarización ideológica son estos cinco.

El PAN fue el primer y el único partido de oposición en alternar el poder presidencial, su espectro político ronda en la derecha y aún tiene afiliaciones extra políticas de ultra derecha, sin embargo su ala política activa dentro del sistema se encuentra mayormente apegada al neoliberalismo asumiendo una postura de centro – derecha. Por otro lado se encuentra el PRD, partido populista de izquierda que se ha mantenido en el podio de las primeras fuerzas electorales desde 1989 y su espectro político ronda en el centro de izquierda.

Podemos decir que formalmente el partido dominante (PRI), a pesar de no haber sido vulnerado en las elecciones durante mucho tiempo, toma su tipificación de hegemónico únicamente por el hecho de su distancia ideológica mínima, pues los partidos de oposición que predominan en las primeras fuerzas electorales son considerados la mayor parte del tiempo, es decir, en el periodo de acuerdos y negociaciones en la agenda gubernamental y en las elecciones locales, como apéndices ideológicos de éste. Esta distancia mínima entre ideologías se debe tanto al origen de los partidos políticos cuanto al fenómeno de transfuguismo.

El PRD nació en 1989 a partir de una ruptura de actores influyentes en el ala izquierdista del PRI formando una coalición democrática que le daba el nombre al partido. Desde entonces la relación de estos partidos ha sido estrecha, pues su meta-narrativa revolucionaria y el proteccionismo populista de ambos, denota rasgos identitarios que son casi imposibles de quebrantar más que con la competencia democrática.

Para el caso del PAN la distancia ideológica se distingue en la tradición nacionalista del ala más conservadora del partido que se visibiliza en algunos de sus actores políticos, sin embargo, esta vieja guardia es muy escasa y sus adeptos se encuentran fuera del sistema en grupos de ultra derecha, como el Yunque (Carrillo; 2014).  Para estas alturas la posmodernidad ha permeado en el partido más conservador de México vía el crecimiento de las aspiraciones de la clase política tecnocrática; las políticas neoliberales coinciden con la agenda pragmática del PRI y se ha hecho plausible la idea de las coaliciones electorales con este partido en diversas elecciones locales, así como el intercambio de actores de la clase política entre partidos de supuesta oposición.

Diego Velázquez, (2016) nos explica que el fenómeno de “El transfuguismo político ya es una constante de las elecciones mexicanas a todo nivel. De hecho, lo más grave estará por venir cuando todos los candidatos sean priistas. Es decir, así como pintan los escenarios, los candidatos de todos los partidos del país serán priistas y expriistas. Lo que va a pasar con los antiguos militantes de la oposición –aunque también sucede con el PRI- es que muchos personajes se marcharán a las candidaturas independientes.” (párrafo. 10)

Es así que la movilidad ideológica del PRI en el continuum de derecha a izquierda ha inhibido la capacidad de los partidos para comprometerse más allá de una posición pragmática cual la única función que interesa es mantener la capacidad de permanencia en el poder.

Pero entonces, dónde queda la “polarización política” si la distancia ideológica es mínima entre partidos. Usualmente, la polarización se muestra en el periodo de elecciones nacionales para elegir la presidencia de la República, las distinciones ideológicas toman sus posiciones contrapuestas, se reactivan y los proyectos gubernamentales tienen que matizar entre la originalidad de las propuestas, su planificación respecto de la situación política, social y económica del país y su congruencia ideológica. Es normal que la polarización se torne un tanto borrosa al grado de que sólo se perciba el vicio pragmático de la clase política; no obstante, la situación ha cambiado con el surgimiento de dos partidos antiestablishment (MORENA y PES), con los cuales la frecuencia de la polarización es más constante y la diferenciación ideológica se ha abierto.

MORENA surge como un movimiento popular fundado por Andrés Manuel López Obrador que pasó del PRI al PRD como candidato de izquierda. En 2014 se consolida y logra el registro como partido con exigencias dotadas de nacionalismo de izquierda, crítica hacia la clase política predominante y un discurso anti-neoliberal. Por su parte, el PES de procedencia evangélica, es un partido con base social menos fuerte, sin embargo su corriente ideológica de pensamiento humanista cristiano ubicado en la ultra derecha le da mayor contraste a la política interna de México; es considerado partido político nacional al obtener el registro en el 2014.

Aunque estos dos partidos son muy distantes ideológicamente, el peso político de MORENA hace que sus principales críticas estén dirigidas únicamente al partido hegemónico (PRI) y al de segunda fuerza (PAN), más que a su opuesto radical (PES) o a su opuesto de centro (PRD). Es por eso que a veces la polaridad política no se evidencia sola sin analizar la actividad política de los partidos, Andreas Schedler (1998) nos advierte: “No todos los recién llegados tocan cuerdas antipolíticas. Muchos de ellos hacen lo que se supone deben de hacer según la  “teoría económica” de la democracia. Identifican nichos en el mercado y tratan de ocuparlos. No se identifican como “antipartidos”, (…) sólo intentan introducir algunos temas o ideologías adicionales en el mercado político” (p.68)

Así partidos nacionales nuevos como el PES que no hacen una diferencia de peso en sus críticas contra las oposiciones, logran ejercer influencia ideológica bajo la crítica de algunos temas de interés público que resultan controversiales, evidenciando su profunda postura antiestablishment; por ejemplo en 2016 se manifestó en contra de la iniciativa presidencial al art. 4to constitucional y al Código Civil Federal que pretende reconocer como un derecho humano que las personas puedan contraer matrimonio sin discriminación alguna (El Financiero; 2016). Es decir la consideración al tema de las personas homosexuales valió la importancia para pronunciarse solamente en favor de la familia formada por personas del “sexo complementario” ya que así está escrito en su declaración de principios del partido.

El carácter antiestablishment en MORENA ocupa criterios más precisos que lo diferencian de otros partidos de la misma índole. Veamos, de acuerdo al “triángulo antipolítico” de Schedler (1998) los ciudadanos y el actor antiestablishment, se encuentran en conflicto con toda una base semántica que implica los intereses de poder en la clase política, como la elite en el poder, el electorado, la mayoría (silenciosa), etc. En este partido la relación de actor antiestablishment y ciudadanos ha sido muy estrecha, pues la formación de su base social mediante el discurso en contra de la clase política ha reforzado el sentido antitético de su oposición.

El espacio de sus bases militantes es inagotable y se satisface aprovechando el odio de los simpatizantes primordialmente hacia el partido hegemónico, es decir, como para el electorado el grueso de los partidos se perciben como un apéndice del PRI, el argumento principal de MORENA se centra en el desprecio a toda la clase política vigente por su carácter antagonista. Por otra parte, el dirigente principal del partido, aunque forma parte de la clase política tradicional mexicana, es considerado un legítimo actor antiestablishment por su posición como víctima de las diversas tretas políticas organizadas por el resto de la clase política mexicana para impedir su logro al poder presidencial, tal como el complot electoral del 2006 (Reporte Indigo; 2016).

La idea de un miembro antiguo de la clase política vigente como actor antiestablishment es un tanto irracional, el sentido común nos dice que un actor de esta índole debería de surgir desde las clases en conflicto con el gobierno, sin embargo la simetría trazada por la crítica está intacta; la masa popular personaliza al partido en nombre del dirigente (Andrés Manuel López Obrador) concibiéndolo como un salvador. Esto hace que tanto el partido como el actor en particular, tengan convicciones que vienen desde abajo para ejercer crítica a los de arriba (la elite en el poder).

Esta simetría permite una crítica con base “cognitiva instrumental” (Schedler, 1998:5) en la que ningún funcionario público es competente para las funciones que está desempeñando, así como una crítica de la “irracionalidad normativa” en la cual se acusa a la mayoría de actores políticos de actuar solamente en favor de sus intereses.

Podemos percibir que la irracionalidad no es exclusiva de la clase política mexicana; el dirigente político del partido antiestablishment predominante ha mostrado una línea autoritaria que hace que su capacidad pragmática no se diferencie en nada a la de los demás partidos, pues se ha acostumbrado a reciclar políticos que tienen lazos débiles con sus partidos, no obstante al adherirse a éste, los políticos profesionales también acogen la línea discursiva antiestablishment.

Es así que los partidos antiestablishment funcionan en México, las convicciones políticas se diferencian en tanto las elecciones nacionales se acercan, no importa que tan lejos o cerca se encuentren otros actores políticos de la ideología de otro partido, estos siempre servirán como sustancia política, es decir, evidenciar su elección por otro partido y adherirse a sus causas. Y por último, la profunda convicción ideológica sale a la luz cuando propuestas de interés público trastocan los valores primarios del partido.

La importancia de señalar la diferencia entre partidos antagónicos lo sean o no, es porque como dice Sartori, (1991:40) “estamos muy conscientes de que las percepciones de la elite tienen una igual, y tal vez mayor, importancia, y que el nivel de polarización entre las élites políticas, generalmente difiere, de aquel que se tiene al nivel de la masa”.

Aun teóricamente, la polarización en México es mínima; la volatilidad ideológica que se da gracias a la fragmentación de partidos pragmáticos, no es posible evaluar a todos por el total de simpatizantes de derecha o de izquierda, en sí, la posibilidad de hacerlo  sólo es posible en el punto más alto de la distancia ideológica, o sea  en las “elecciones presidenciales” limitándonos así a analizar solamente el hecho de la crítica bilateral que recibe el partido hegemónico, es decir por parte del espectro de izquierda a derecha.

Nota: Sabemos que estos criterios pueden sugerir una posición a favor de algún partido, sin embargo es importante aclarar que en la formalidad teórica, los criterios se posicionan descriptivamente y no evaluativamente, es por eso que al existir criterios más precisos para enfatizar el sentido antiestablishment de MORENA, los aprovechamos para diferenciarlo de los demás partidos en teoría. 

Bibliografía

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